CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN

Libros de texto gratuitos: un recuerdo Inolvidable de las escuelas primarias
David Chamorro Zarco
Cronista Municipal
El insigne mexicano Jesús Reyes Heroles, hizo famosa una frase en que afirmaba “educar a un pueblo cuesta mucho, pero no educarlo, cuesta más”, y me parece que esa verdad ha quedado ampliamente demostrada a lo largo de la historia no solo de nuestro país, sino de toda la humanidad.
Para no hacer muy larga la referencia, sólo recordaré que, siguiendo uno de los postulados más importantes de “Los Sentimientos de la Nación”, documento original de José María Morelos y Pavón, en que se consignaba la necesidad de procurar educación a todos los habitantes de la nación, se hicieron diversos esfuerzos para tratar de llevar letras e ilustración a la mayoría de los niños de esa época; sin embargo, no existían ni las condiciones de infraestructura, ni el número suficiente de docentes, y mucho menos las condiciones económicas necesarias para que los párvulos pudieran acceder, de manera total, a la educación básica.
Allá por el año de 1843 apareció un cuadernillo escrito por un sacerdote de nombre Nicolás García de San Vicente, y consistía en sintetizar en unas cuantas páginas, a través del sistema silábico, el método para poder aprender o enseñar a leer y escribir. En la portada de esta obra se veía la imagen del Arcángel San Miguel, en actitud de vencer al enemigo, en una alegoría clara acerca de que la luz y la sabiduría debían vencer a la ignorancia y la necedad. Por esa razón, la gente, prácticamente desde la aparición de la obra comenzó a llamar a este pequeño folleto “El Silabario de San Miguel “.
Prácticamente pasó un siglo para que pudiera consignarse un esfuerzo serio, metodológico, planificado y de resultados, que permitiera dotar a las niñas y a los niños de libros de texto generados bajo una dosificación de contenido adecuado, debidamente redactado para apoyarles en la comprensión de los conceptos y los ejercicios, y sobre todo bajo la modalidad de ser gratuitos, lo que garantizaba que, con independencia de las condiciones económicas de cada familia, las y los pequeños pudieran tener acceso a estos textos.
Prácticamente desde el inicio de la gestión del Presidente Adolfo López Mateos, se fraguó la idea de crear una editorial especial para el tiraje de los libros de texto gratuitos, así como una comisión altamente especializada, integrada por pedagogos de gran experiencia, para la redacción de los volúmenes con la que se entregarían a los alumnos de todos los grados de Educación primaria. La tarea quedó bajo la custodia del insigne maestro Jaime Torres Bodet, uno de los hombres más ilustres que dio nuestro país durante el siglo XX, y finalmente a principios de la década de 1960, comenzaron a distribuirse los primeros libros de texto gratuitos para educación primaria.
Muchas de las personas que el día de hoy tienen un poco más de 70 años de edad, recuerdan con gran facilidad estos volúmenes, famosos por mostrar la pintura en que se hacía una alegoría a la patria, cuyo modelo fue la mujer tlaxcalteca, originaria de Tlaxco, Victoria Dorantes, en tanto que la pintura fue de la autoría del maestro Jorge González Camarena.
A partir de esas generaciones de alumnos de Educación primaria, la recepción y trabajo de los libros de texto gratuitos se convirtió en una verdadera fiesta. Los libros se recibían en los primeros días de septiembre, dado que, anteriormente, el ciclo escolar arrancaba el día 2 de este mes, un día después del informe de gobierno del presidente de la república.
En lo personal, aunque no me tocó disfrutar de los libros con la portada referida, bien recuerdo que era un deleite recibir los libros nuevos, y que uno de los olores que más conservo en mi memoria es el de la tinta fresca, cuando se abrían los volúmenes por primera vez. Los maestros nos encomendaban que los cuidáramos y los forráramos para que pudiéramos aprovecharlos mejor.
A veces hasta teníamos pequeños detalles para celebrar la llegada de nuestros libros, cómo el cooperar con alguna moneda para que pudiéramos comprar, entre todos, una caja de galletas y, y con ello marcar el arranque de nuestro ciclo escolar y del aprovechamiento de nuestros libros.
Nunca faltaba quien extraviaba algún libro, Y entonces se hacían las solicitudes para que la autoridad educativa volviera a reponerlo, pero la gran mayoría de las niñas y los niños era muy responsable para la conservación de sus materiales.
Conforme pasaba el tiempo, los libros se iban quedando con las marcas del uso, con los subrayados, con las notas al margen, y en algunas ocasiones, como es entendible, hasta con marcas de comida que por descuido les habían caído junto
Sé que hay muchas personas que aún atesoran los libros con los que estudiaron en la escuela primaria. en especial, los que se publicaron y distribuyeron en la década de 1960 son particularmente valiosos, y ojalá que quienes tuvieron la dicha y el cuidado de preservarlos puedan garantizarles un lugar adecuado para que, Ya convertidos en documentos históricos, sigan existiendo como una evidencia y testimonio de esos esfuerzos que se tuvieron por lograr que las niñas y los niños de México accedieran a una educación de calidad.
A propósito de los primeros días del presente ciclo escolar 2026 – 2027, deseamos que las niñas y los niños, en especial de Educación primaria y que recibirán muy pronto sus ejemplares, puedan quererlos, respetarlos, cuidarlos y aprovecharlos, tanto como nosotros hicimos En aquellos tiempos en que con una pesada mochila al hombro, acudíamos puntuales a la escuela, siempre pendientes de esa campana que nos llamaba al camino del saber.

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