Los retos de Tlaxcala

Por  María de lis Angeles Vazquez
Preservación del patrimonio histórico
Establecer un lindero claro entre la libre manifestación y la preservación del patrimonio histórico de los tlaxcaltecas, sin duda es imprescindible.
Por fortuna en Tlaxcala contamos con un patrimonio arquitectónico y cultural amplio, no se trata solo de la zona arqueológica de Cacaxtla, de los emblemáticos edificios de la capital, o las haciendas.
El patrimonio histórico y cultural de Tlaxcala es amplísimo, y su preservación depende en gran medida de la participación social, sobre todo del respeto y aprecio por el legado de nuestros ancestros.
Ciertamente las autoridades estatales y el Instituto Nacional de Antropología e Historia tienen una parte considerable de esa responsabilidad, pero requieren de la participación directa de la colectividad.
Y ello, cobra mayor relieve durante el desarrollo de marchas como las que tuvieron lugar en ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en donde un grupo menor y fácil de identificar se dedicó a vandalizar el patrimonio de los tlaxcaltecas, ante la aparente complacencia de las autoridades locales que no actuaron con la premura requerida para impedirlo y la complicidad silente de las participantes que fueron incapaces de impedir el daño.
Sin duda, la autoridad policial tiene protocolos de actuación tanto preventivos como disuasivos, pero frente a lo acontecido no queda más que señalar su incapacidad.
El hecho de que ahora se trata de señalar que quienes atentaron contra el patrimonio de las y los tlaxcaltecas provenían de otras entidades es lo menos, lo importante hubiera sido que, al detectar a las agresoras, a las violentas, se les hubieran encapsulado y evitado que dañaran el patrimonio estatal.
Es importante que integrantes del gabinete legal y ampliado, así como trabajadores de las distintas dependencias de la administración estatal se unieran para realizar trabajos de limpieza en los monumentos históricos e inmuebles ubicados en la Plaza de la Constitución, que fueron vandalizados durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer.
Pero lo correcto hubieran sido que con la misma unidad y coordinación se hubiera impedido el daño.
Lo que se apreció fue una acción cosmética, cuando lo que se requería eran acciones preventivas y disuasivas, por parte de la autoridad.
La explicación de que la movilización pacífica convocada por organizaciones y colectivos feministas fue corrompida por un grupo radical de aproximadamente 100 personas armadas con palos, martillos, sopletes y otros artefactos peligrosos, sale sobrando.
No se trata de lesionar o menospreciar el derecho de manifestación, porque ello conlleva el ejercicio de un gobierno autoritario y dictatorial, sino de lograr un sano equilibrio, en donde se respete a los manifestantes pacíficos y se castigue a los violentos.
Y para ello, sin duda se requiere del concurso social no sólo de la intervención de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, para evitar la participación de los violentos y aislarlos con el propósito de que sean fácilmente identificables por parte de la autoridad.
Se trata de una acción de civismo aunada al respeto y apreciación de la valía del patrimonio de las y los tlaxcaltecas que va más allá de contar con calles limpias y un entorno visualmente armónico.
Siempre será más sano prevenir, que a todo pasado tratar de dar explicaciones sobre algo que se pudo impedir.
Y en el caso particular de los daños causados en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, salta a la vista que las autoridades encargadas de hacer prevalecer el orden, fallaron en los planos preventivos y disuasivos.
Las aprehensiones y procesos que puedan seguirse, en nada o muy poco contribuirán a la reparación de las afectaciones.

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