De: Violencia

Por Alejandro Villegas
La violencia desbordada desatada en el estadio La Corregidora, es imposible de ignorar. Los aficionados del futbol, los queretanos, los jaliscienses y en general las y los mexicanos, anhelamos vivir en un país de paz y progreso permanentes.
Ese anhelo va más allá del cambio de abrazos por balazos, planteado por el ciudadano presidente y por supuesto está alejado de toda esfera gubernamental.
Pero por desgracia, permite apreciar no todo en derredor del deporte marcha bien, entre ello las denominadas barras, que sustituyeron a las porras tradicionales.
Como nación adoptamos la figura de barras, a pesar de la violencia que en su momento proyectaron en el pasado mediato los “hooligans”, que les ganó la descalificación social.
Sin embargo, hay que señalar que no se trata de un comportamiento novedoso, en los registros periodísticos y la memoria de los aficionados están los enfrentamientos protagonizados, entre otros por las barras de los equipos América, Guadalajara, Cruz Azul, UNAM y Monterrey, por citar sólo algunos.
Se trata de un fenómeno que los dueños de los equipos, la Federación Mexicana de Futbol y la autoridad local, dejaron crecer, menospreciando sus efectos perniciosos.
Sin duda, el violento episodio del estadio La Corregidora, debe marcar un parteaguas en el tema.
Más allá de que el Querétaro sea desafiliado, o no se vuelva a permitir la presencia de las barras del equipo visitante en todos los encuentros, el clamor general es el cese de la violencia en los estados y por supuesto el castigo ejemplar para los culpables.
Fiscal
La defensa del ciudadano fiscal por parte del ciudadano presidente, sale sobrando.
No se trata de culpar a nadie, pero tampoco todo puede limitarse como lo hizo el ciudadano presidente a señalar que hay grupos que buscar tumbar al ciudadano fiscal y descarrilar a su gobierno.
Lo deseable sería, recordando una añeja conseja de la oposición que durante tantos años lideró el hoy ciudadano presidente, que el ciudadano fiscal se separará del cargo para no entorpecer las investigaciones, pero ante todo que exista la disposición de que se investiguen los señalamientos y que a fin de cuentas cada quien cargue con su responsabilidad.

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