De: Unidad

El ciudadano presidente mostrará el músculo político y social a Donald Trump, desde Tijuana, el próximo sábado como un mensaje de unidad, que de entrada se antoja inútil.
El mandatario estadounidense está resuelto a imponer, a partir del próximo lunes un nuevo arancel a las exportaciones de  México a su país.
Y, sin duda, no se arredrará ante el anuncio que realizará el ciudadano presidente de las medidas que adoptará México para enfrentar la situación, que de manera obligada deberán ser de carácter económico.
Ante el panorama socio-económico que prevalece, la pretendida muestra de fortaleza a la que ha convocado el ciudadano presidente, además de traducirse en un ejercicio inédito al que han sido llamados a participar gobernadores, presidentes municipales y representantes populares, entre otros, no tendrá ningún efecto positivo en el ánimo del presidente estadounidense, aunque hay que reconocerlo si pondrá en evidencia el nivel de control e influencia política que posee bajo las actuales circunstancias, el ciudadano presidente.
No hay duda de que tanto en México como en Estados Unidos, hay una amplia oposición a la entrada en vigor de las sanciones económicas, así como de que en los últimos días, en la frontera sur de nuestro país se han reforzado las acciones de control migratorio.
Quizá lo que se no ha quedado totalmente claro es que la imposición de aranceles es una acción política, enmarcada en el plano económico, que busca fortalecer las posibilidades de reelección de Donald Trump.
Al momento, la situación se ha reflejado en un deterioro de la calificación de México, por parte de las calificadoras internacionales, así como en una depreciación del peso frente al dólar, y una amplia incertidumbre social, ante el umbral de lo que podría ser un diferendo comercial de amplio impacto por mínima que sea su duración.
Hasta ahora, la vía del diálogo, diálogo y más diálogo adoptada por el ciudadano presidente no ha prosperado, fundamentalmente porque Donald Trump y sus más cercanos colaboradores están muy lejos de equipararse con el pueblo bueno, que vota a mano alzada y se somete a los influjos de la operación saliva.
Barbosa
Concluidos los cómputos distritales se avanza el proceso para que el fin de semana, Miguel Barbosa reciba la constancia de gobernador electo, con la que podrá iniciar el proceso de transición de manera formal.
De entrada, uno de los primeros pasos será la integración de su gabinete y la conformación de la relación de las acciones que materializará en sus primeros cien días de gestión.
Y en este intervalo, algo que habrá de dilucidarse primordialmente al interior del Legislativo poblano, será la necesidad de que el gobernador Guillermo Pacheco Pulido rinda un informe sobre la situación de la administración pública o bien la forma en la que el Miguel Barbosa deberá integrar lo sucedido durante la administración estatal interina, a su primer informe de labores.
Evidentemente, los ajustes obligados, que tendrán que hacerse a la administración pública poblana por lo que hace a la presentación del informe en esta ocasión, no son un tema menor.
Vía de mientras, ya se dieron los primeros ajustes al interior del Congreso poblano, que se prestan a toda suerte de especulaciones.

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