• Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda, será el próximo presidente de México.

Es la tercera vez que AMLO, un político personalista de 64 años, se postula a la presidencia de México, y obtuvo un triunfo aplastante de la mano de una coalición extraña, para muchos contradictoria —incluye sindicatos, agrupaciones religiosas de derecha, sectores tradicionales de izquierda— tras una campaña atravesada por la guerra sucia y el asesinato de políticos locales. El hastío por la violencia y la corrupción desenfrenadas en el país llevaron a la ciudadanía a castigar al partido gobernante con el voto, pero también la movió la ilusión por un líder que ha hecho de la lucha contra la corrupción y la pobreza ejes de su carrera política.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que durante más de setenta años tuvo un predominio político casi absoluto en el país, colapsó de forma estrepitosa en las elecciones: apenas entre un 15 y un 16 por ciento del electorado votó por el candidato del oficialismo. “Voy a ser honesto: Fui del PRI toda mi vida, pero es tiempo de cambiar, es momento de ir con López Obrador y ver qué pasa”, dijo Juan de Dios Rodríguez, un campesino de 70 años que admitió que por primera vez votó por otro partido.
“El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos”, dijo anoche López Obrador frente a miles de ciudadanos que festejaban su victoria en el Zócalo de la capital mexicana, “a ricos y pobres, a pobladores del campo y de la ciudad, a migrantes, a creyentes, y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales”. Frente a él, una multitud festejaba en la plaza empujada por aquello que durante toda la jornada electoral se percibía en el aire: una esperanza de cambio.

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